Lo reconozco. Vuelvo a casa con una copa de más. MENTIRAA!!. Son dos o tres de más. Las suficientes para que mis dedos se deslicen libres por el teclado, sin miedo a escupir la verdad. Sin miedo a decir tantas cosas que a veces me callo. Por parecer otro, supongo.
Benditos sean los amigos. Porque sin ellos, en noches oscuras como ésta, no sé qué sería de los que tenemos el alma medio rota.
Lo que quiero decir es que acabo de venir de pasar la noche charlando de la vida -la puta vida, la triste vida, la media vida que la mayoría desperdiciamos- con un par de “colegas”. Benditas sean esas almas. Y gracias por hacerme sonreír, por conseguir arrancarme la parte ácida que llevo dentro y que a veces olvido.
Nos hemos reído de medio planeta y de tres cuartas partes del universo. Jajajaja
He vuelto bastante etílico (suena bonito “etílico”). Bastante lindo. Mejor conmigo. Casi en paz con mi mochila.
Hemos compartido seis ojos, seis manos y tres copas de Branca llenas ininterrumpidamente.
Hemos acabado de trazar planes y de construir viajes de fantasía a los que nunca les llega la vuleta.
He hablado de vos.
Te han recordado.
Y de nuevo hemos tocado fondo expulsando penas y demonios buenos.
Dulces sueños.
(Ya estoy tan despierto que pasaré más de cien amaneceres antes de cerrar los párpados)
lunes
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario