Hoy salí a dar una vuelta. Sin rumbo fijo. En realidad iba de camino al trabajo, pero bien pudo ser cualquier otra ocasión, Podría, simplemente estar paseando y dejándome derretir por el inminente verano. No sé porqué he pensado en toda la gente que he ido conociendo durante estos meses de camino al trabajo. Fue muy curioso. Pensé que tal vez podría cruzarme con cualquiera de ellos en cualquier otro momento y que, sin embargo, ni siquiera seríamos capaces de compartir dos palabras. Como llevaba la música puesta, me sentí como un protagonista de una película (ja, y que levante la mano el que no haya sentido esa estúpida pero hermosa sensación, paseando por la calle y con la música a todo volumen)
Me tomé el Plaza y me senté al lado de una chica de unos veintipocos años, leía un libro de García Márquez y escuchaba música. Le bajé el volumen a la mía para intentar adivinar qué escuchaba ella (es un juego tonto que hago muchas veces en los interminables viajes del Plaza, para pasar el rato) y me pareció que escuchaba algo de Las Pelotas. Entonces me miró como diciendo “que miras” y yo me quedé algo trabado. Saque un papel y me puse a escribir esto mismo. Entonces fue que noté que ella miraba de reojo lo que yo estaba escribiendo. La miré y quitó la vista como quien esta prestando atención a otra cosa. Fue extraño. Me dio por pensar que tal vez nos conocíamos, que incluso nos podíamos haber intercambiado algún comentario. A mí también me gustan Las Pelotas, y también estoy leyendo un libro de García Márquez… Yo podía ser ella. O ella podía ser yo. Qué lío.
lunes
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