lunes

2008!!!!!!

Entró en receso mi locura, dando paso a una tranquilidad pasajera, que planeo disfrutar lo más posible, para luego reanudar mi histeria cotidiana. Se acabó por fin el año, que se fue como agua a veces y otras tantas pareció eterno; por fin terminó la locura y no he salido ileso, me llevo varios raspones y tropezones, pero no hubo una gran caída. Creo que las amistades se han debilitado, que yo me entiendo cada día un poco menos y que sin duda tengo un miedo terrible de que llegue ese día de Octubre en que hay tanto por festejar pero que a mi me petrifica y me pone a volar entre recuerdos. Daré descanso a mi locura, esperando que ella también me de un poco de licencia.

viernes

Cuando era niño metía mis manos en los bolsillos del pantalón para disfrutar de las pláticas de los adultos y guardarme
alguna que otra grosería.
Ahora que guardo mi niñez en el bolsillo, no puedo contener esta agria sensación que representa la grosería de ser un adulto.

miércoles

Decíme qué es lo que había escrito en aquellos aviones de papel... Cuál era la frase misteriosa que se repetía una y otra vez... Aunque tal vez lo mejor sea no descubrirlo nunca, porque puede ser que entonces ya no tenga magia, una vez perdido el misterio... De todos modos, pagaría por poder leerla algún día...

martes

Voy a casa muy temprano. Me abrís la puerta a porque no tenés alternativa, pero sin voluntad porque todavía no son ni las seis y podrías dormir unas horitas más. Te digo que estoy mal, que necesito un café y cien horas de calma. Me harás café, dicen tus labios pero que lo de la calma, uf, que ni vos mismo sabes qué es eso. Te sentás y me dedicas esa mirada. Yo te devuelvo una de las mías. No, que no es eso, que se te ha cambiado el color de los ojos, vuelven a decirme tus labios. Y yo no te creo, porque pienso que a vos también te dan de esos lapsus. Como me pasa a mí todos y cada uno de mis días (quizás por eso tengamos este diálogo)

continuas con tu discurso hasta pronunciar el nombre que no deseo oír. Finjo ignorarlo pero extraes de mi las palabras como si estuviera donando sangre. Hasta que me tengo que levantar porque siento vértigos. ¿Vértigo? No, vértigos. De los otros, que son los peores…

Vértigo de vivir en una ciudad sin sentido
Vértigo de sentirme sucio aún después de limpiar mi sombra
Vértigo de alquilar mi vida a diario
Vértigo de mentirte mientras te escribo
Vértigo de creer lo increíble

¿Querés que siga o me callo? Te reís en mi cara porque a vos pasa algo parecido, sólo que yo soy más histérico y no la “piloteo” como vos. ¿Y por qué no nos vamos de viaje? Vos y yo. Y olvidate por una temporada de tus males. De tus penas y de tus frases con exceso de puntos suspensivos…

No, un momento. Acepto lo del viaje pero me llevo los puntos suspensivos en la valija...

Y todos y cada uno de mis vértigos...

lunes

Que pasaría si:

tuviera un psicólogo

Esta tarde fuí a que me analicen los sueños y el especialista, confundido y extrañado, me dio los resultados uno a uno, como con miedo. Lo amenacé y cambió la hoja de resultados. Me recetó pétalos de margarita, pero sólo los impares, los que dicen "no me quiere", para que me hagan un poco más de daño. Me enfurecí, pero sólo un poco, porque luego recordé que pronto me iré de esta ciudad y que entonces dejaré atrás estas calles feas y sucias, llenas de chicles pegados a las baldosas; que te atrapan, se pegan y no te dejan huir de tus propios aprobios; para no volver jamás.

Al llegar al refugio me hice una infusión con las margaritas y me la bebí, luego me encontre nadando en ella hasta que ya no pude más y terminé por ahogarme, con los ojos cerrados, pedí un deseo y por las dudas arrojé otro más,( mejor pido dos por si el primero no es oido). Al abrir los ojos no se había cumplido el primero. Y tampoco el segundo. Así que me reí como un descocido. Porque estaba en la bañera despertando de un ataque de fantasía. Y porque no puedo dormir y tampoco puedo llamar a nadie por teléfono porque dicen que porque yo no duerma tampoco significa que tenga derecho a imponer la ley del insomnio a medio planeta.

El general en su laberinto

Hoy salí a dar una vuelta. Sin rumbo fijo. En realidad iba de camino al trabajo, pero bien pudo ser cualquier otra ocasión, Podría, simplemente estar paseando y dejándome derretir por el inminente verano. No sé porqué he pensado en toda la gente que he ido conociendo durante estos meses de camino al trabajo. Fue muy curioso. Pensé que tal vez podría cruzarme con cualquiera de ellos en cualquier otro momento y que, sin embargo, ni siquiera seríamos capaces de compartir dos palabras. Como llevaba la música puesta, me sentí como un protagonista de una película (ja, y que levante la mano el que no haya sentido esa estúpida pero hermosa sensación, paseando por la calle y con la música a todo volumen)

Me tomé el Plaza y me senté al lado de una chica de unos veintipocos años, leía un libro de García Márquez y escuchaba música. Le bajé el volumen a la mía para intentar adivinar qué escuchaba ella (es un juego tonto que hago muchas veces en los interminables viajes del Plaza, para pasar el rato) y me pareció que escuchaba algo de Las Pelotas. Entonces me miró como diciendo “que miras” y yo me quedé algo trabado. Saque un papel y me puse a escribir esto mismo. Entonces fue que noté que ella miraba de reojo lo que yo estaba escribiendo. La miré y quitó la vista como quien esta prestando atención a otra cosa. Fue extraño. Me dio por pensar que tal vez nos conocíamos, que incluso nos podíamos haber intercambiado algún comentario. A mí también me gustan Las Pelotas, y también estoy leyendo un libro de García Márquez… Yo podía ser ella. O ella podía ser yo. Qué lío.

entrecopas

Lo reconozco. Vuelvo a casa con una copa de más. MENTIRAA!!. Son dos o tres de más. Las suficientes para que mis dedos se deslicen libres por el teclado, sin miedo a escupir la verdad. Sin miedo a decir tantas cosas que a veces me callo. Por parecer otro, supongo.
Benditos sean los amigos. Porque sin ellos, en noches oscuras como ésta, no sé qué sería de los que tenemos el alma medio rota.
Lo que quiero decir es que acabo de venir de pasar la noche charlando de la vida -la puta vida, la triste vida, la media vida que la mayoría desperdiciamos- con un par de “colegas”. Benditas sean esas almas. Y gracias por hacerme sonreír, por conseguir arrancarme la parte ácida que llevo dentro y que a veces olvido.
Nos hemos reído de medio planeta y de tres cuartas partes del universo. Jajajaja
He vuelto bastante etílico (suena bonito “etílico”). Bastante lindo. Mejor conmigo. Casi en paz con mi mochila.
Hemos compartido seis ojos, seis manos y tres copas de Branca llenas ininterrumpidamente.
Hemos acabado de trazar planes y de construir viajes de fantasía a los que nunca les llega la vuleta.

He hablado de vos.

Te han recordado.

Y de nuevo hemos tocado fondo expulsando penas y demonios buenos.
Dulces sueños.
(Ya estoy tan despierto que pasaré más de cien amaneceres antes de cerrar los párpados)